CAPITULO I
Eran poco menos de las 7:00 a.m.,
cuando su madre llamo a su puerta:
- Hija, ¿Estas despierta?, me gustaría hablar contigo.
-Claro- respondió Tiara abriéndole,
algo extrañada de que su madre anduviera en pie a esas horas.
-Hija, he estado pensando… ya hace
bastante tiempo que tu padre murió y
veras... yo he estado muy enferma y no me he podido hacer cargo de ti como
corresponde.- Se aclara la garganta.- A causa de eso has tenido que trabajar y
estudiar al mismo tiempo...- Le hablaba mientras jugueteaba con la tira de su
piyama.
-¡Ah!, no te preocupes por eso- la
interrumpe.- Sabes muy bien que no es molesto para mi. Mientras estemos juntas
saldremos adelante. Ya lo veras- contesto guardando sus cosas rápidamente en el
bolso, anticipándome a lo que venia.
-Pero tienes apenas diecisiete
años y ya perdiste dos años de escuela. Las inasistencias por tener que
trabajar…
-Eso no me importa, ya te dije que
estoy bien así. Es tarde, me tengo que ir
La verdad era que no quería seguir escuchando.
Tomo sus llaves y estaba a punto de cerrar la puerta de calle cuando su
madre la interrumpe:
-Me voy a casar otra vez- le
dice parándola en seco.
Las palabras la dejaron sin habla. Un escalofrío
recorrió su espalda. No podía mover ni un músculo sintiendo como la sangre se le
subía a la cabeza, mientras los malos recuerdos pasaban como películas frente a
sus ojos. Dejo caer su bolso y abrió la
puerta de par en par con furia.
-¿Por que?- le pregunto mirándola fijamente
a los ojos, luego al ver que no contestaba, continuo:
-¿Por que cuando estamos bien tienes
que arruinarlo todo?
-No seas injusta conmigo hija,
entiende....- Su madre se frotaba las manos con nerviosismo.
-¿Que entienda?, ¿Me pides que
entienda?, ¡Tú eres la que no entiende
nada! Ya lo habíamos hablado ¡Por Dios!- Se tomaba la cabeza desesperada- Prometimos
que estaremos mejor solas, sin nadie mas. ¿Que no lo recuerdas?
-Lo se, pero estuve pensando… no es
bueno que una niña de tu edad no tenga una figura paterna, además…
-¡Piensas que necesito una figura
paterna como las que me has dado!
-Lo se, lo se.- Intentaba
tranquilizarla-. Pero esta vez es diferente. El es una buena persona, te va a
querer como si fueras su hija
-Lo mismo dijiste de los otros,
pero ¿Qué piensas?- La miraba como si no lo pudiera creer- ¿Qué será diferente?,
¡Será la misma porquería! ¡Dios!- Exclama furiosa paseándose como tigre
enjaulado.
-¡Basta! eres mi hija y tienes que
respetar mis decisiones- Trata de imponer su voluntad.
-¿Que rayos?- Resopla mirando al
techo. Luego la mira a los ojos- Si te
casas me voy de la casa.- La amenaza con los dientes apretados.
-Eres mi hija y tienes diecisiete años, aun eres
menor de edad. Si te vas de la casa, te buscare con la policía
-¿Por qué?...la miraba como si tratara
de encontrar la respuesta en su rostro- ¿Porque eres tan mala madre?, no te
importan mis sentimientos solo los tuyos ¡No puedes vivir sin un hombre!
Con estas palabras colma la
paciencia de su madre quien, sin previo aviso, le asesto una cachetada en la
mejilla. Tiara se llevo una mano al rostro sintiendo el ardor, pero lo que mas
le dolía no era la mejilla, sino el corazón. Con una mezcla de sentimientos que
iban desde la tristeza hasta la rabia, dijo en voz baja:
-Si tanto deseas vivir con un
hombre entonces te concederé tu deseo. No me interpondré más. Me voy- Tomo su bolso mientras hacia un esfuerzo por
contener las lagrimas.
-Ya dije que te buscare con la policía.-
La amenaza su madre nuevamente en un intento para que se quedara. Ella se
voltea
-A ver si me encuentras- le dice
para luego azotar la puerta.
Con estas ultimas palabras Tiara sale
corriendo a la calle, desde lejos la escuchaba gritar su nombre, pero no le
hizo caso. Estaba tan enojada, tan dolida, no entendía como su madre la podía
traicionar de esa manera.
Después de que muriera su esposo, la
señora Luisa se había casado 3 veces y en todas ellas había sufrido malas
experiencias. Los hombres eran violentos, borrachos, vividores, ladrones, entre otras “cualidades”.
Tiara siempre había estado al pendiente
de su madre y cuando comenzaron las agresiones por parte de su primer marido, le
rogó que lo abandonara, pero la señora Luisa hizo oídos sordos a sus palabras.
De esta manera Tiara comenzó a asistir habitualmente al hospital para visitar a
su madre luego de las golpizas que le propinaba su marido. Luego de un tiempo
la señora Luisa se separo de el, o mas bien el la abandono, pero no pasaron ni
dos meses y se caso con otro, que resulto peor que el anterior. Este no solo la
golpeaba, si no que además, era borracho. Tiara estaba desesperada, no sabia
que hacer. Sabía que su madre estaba enferma, por que alguien normal no hubiera
soportado una situación similar. Había asistido a un centro de ayuda, pero allí
le indicaron que la persona afectada era la que tenia que pedir ayuda, por otro
lado si esa persona tenia hijos que estuvieran en peligro, el gobierno se los podría
quitar. Tiara pensó, que quizás, ella estaría mejor en uno de esos centros para
menores, pero no podía abandonar a su madre. Así continúo la situación hasta
que a la señora Luisa le detectaron cáncer. Cuando se lo contó a su esposo,
este le dijo que no se iba a amarrar estando al lado de una persona enferma. Así,
abandono la casa. Tiara no daba más de gozo. Comenzó a trabajar ya que su madre
no podía a causa del tratamiento, las quimioterapias la dejaba realmente
agotada. Tiara pensaba que desde ese momento en adelante vivirían una vida
normal, pero estaba equivocada, tres meses y veintiún días duro la señora Luisa
soltera. Después de muchas discusiones, Tiara termino resignándose a su
destino. Así pasaron las primeras semanas sin contratiempos, pero poco a poco
las cosas fueron cambiando. Primero eran gritos, luego empujones y después
golpes. Siempre la maltrataba cuando Tiara estaba en la escuela o en el trabajo
y después llegaba con un ramo de flores o un chocolate como disculpa, lo que a
Tiara le enfermaba, pero no podía decirle nada, ya que su madre discutía con ella
defendiéndolo. La situación continuo igual hasta que un día Tiara regreso mas
temprano de su trabajo y encontró a su padrastro bebiendo junto a tres amigos
en la sala de su casa. Cerró los ojos y se dirigió directamente a su cuarto, aguantando
las ganas de matarlo. Tomo su cuaderno de historia intentando concentrarse en
las líneas escritas, tenía un examen al otro día, pero de pronto escucho:
- ¡Maldita ¿Que rayos haces?, Te
dije que nos sirvieras cervezas!
Salio disparada de su cuarto y fue
hacia donde estaba su padrastro. Lo que vio, la dejo paralizada. En el cuarto
de baño estaba su madre arrodillada frente al escusado, acababa de vomitar y su
padrastro la estaba jalando por el cabello. Tiara no aguanto más y enceguecida
por la rabia, tomo las hojas de afeitar que estaban en el lavabo y le propino
un corte en la mano que sostenía el cabello de su madre, lo que hizo que la
soltara al instante.
-¡¿Que estas loca mocosa?!- le grito el hombre
tomándose la mano ensangrentada
-Te voy a matar miserable- Disparaba
fuego por los ojos, lo cual, hizo estremecer de miedo a su padrastro. El hombre
al ver que su vida corría peligro tomo a la señora Lucia como escudo.
-¡Suelta a mi madre maldito
cobarde!- le gritaba Tiara mientras trataba de dañarlo sin herir a su madre. Su
padrastro presa del miedo se orino en los pantalones y Tiara aprovecho ese
momento de descuido para lanzarse como araña a su cuello. La señora Luisa se
apresuro a sujetarla para que su padrastro pudiera huir. El no se hizo de rogar.
De un salto logro salir del cuarto, pero no sin antes recibir otro corte a la
altura del muslo que Tiara le propino.
-¡Tu hija esta loca!- Fue el
ultimo grito que dio para luego abandonar la casa, mientras Tiara sonreía.
Había pasado un año y medio
después de aquel incidente y la señora Luisa no se había vuelto a casar. Tiara sonreía
al recordar como su padrastro se había orinado en los pantalones y la cara de
horror que había puesto al verla convertida en una fiera. El no había regresado
después de esa pelea, lo que a Tiara la tenía más que feliz, pero ahora con la
noticia de su nuevo casamiento sentía como sus esperanzas de una vida tranquila
se derrumbaran.
Sin darse cuenta llego a la casa
de su mejor amigo Kevin. A pesar de que Tiara tenia un carácter arisco con las
personas, con Kevin se comportaba de una manera completamente diferente,
siempre buscaba apoyo en el en los momentos mas difíciles. Kevin era mayor que
ella por seis años y era el hijo de una vecina del vecindario. Desde pequeña,
Kevin siempre había estado al pendiente de Tiara, cuidando que no se peleara
con otros niños. Siempre le decía que era una niña, por eso no tenia que
golpear a los niños, porque ellos tenían mas fuerza que ella y le podrían hacer
un daño mayor. Sin darse cuenta se fue enamorando de el, se molestaba cada vez
que lo veía con una novia y cuando cumplió quince le confeso sus sentimientos,
pero el le respondió con una palmadita en la cabeza y le dijo que era muy viejo
para ella, pero estaba agradecido que lo quisiera. Desde ese entonces Kevin había
tenido varias novias, pero nunca dejo de estar al pendiente de Tiara y para
ella, eso era suficiente.
Camino de regreso a su casa recordando
de las palabras de Kevin “Sabes muy bien que tu madre esta enferma y te necesita,
no la puedes abandonar ahora”. ¡Rayos!, sabia que Kevin le diría algo como
aquello, pero no dejaba de molestarla a pesar que tuviera razón. Al entrar a la
casa, su madre la abrazo con fuerza y le pidió que la perdonara. Sabiendo que
no lograría nada en oponerse, termino aceptándolo, pero no sin antes advertirle
que si resultaba mal otra vez, apenas
cumpliera los dieciocho años la abandonaría, aunque en su corazón sabia que nunca
podría dejar de estar al pendiente de ella. La señora Luisa le informo que no
se iba a casar todavía, pero mientras tanto, se iban a ir a vivir con el futuro
marido para ver si funcionan las cosas, de resultar lo contrario, seria más fácil
la separación. Tiara asintió resignada, al menos el hombre tenia casa, eso era
un logro.