miércoles, 13 de marzo de 2013

Comienzo


CAPITULO I





Eran poco menos de las 7:00 a.m., cuando su madre llamo a su puerta:

- Hija,  ¿Estas despierta?, me gustaría hablar contigo.

-Claro- respondió Tiara abriéndole, algo extrañada de que su madre anduviera en pie a esas horas.

-Hija, he estado pensando… ya hace bastante tiempo que tu padre murió  y veras... yo he estado muy enferma y no me he podido hacer cargo de ti como corresponde.- Se aclara la garganta.- A causa de eso has tenido que trabajar y estudiar al mismo tiempo...- Le hablaba mientras jugueteaba con la tira de su piyama.

-¡Ah!, no te preocupes por eso- la interrumpe.- Sabes muy bien que no es molesto para mi. Mientras estemos juntas saldremos adelante. Ya lo veras- contesto guardando sus cosas rápidamente en el bolso, anticipándome a lo que venia.

-Pero tienes apenas diecisiete años y ya perdiste dos años de escuela. Las inasistencias por tener que trabajar…

-Eso no me importa, ya te dije que estoy bien así. Es tarde, me tengo que ir

 La verdad era que no quería seguir escuchando. Tomo sus llaves y estaba a punto de cerrar la puerta de calle cuando su madre la interrumpe:

-Me voy a casar otra vez- le dice parándola en seco.

 Las palabras la dejaron sin habla. Un escalofrío recorrió su espalda. No podía mover ni un músculo sintiendo como la sangre se le subía a la cabeza, mientras los malos recuerdos pasaban como películas frente a sus ojos. Dejo caer su bolso y abrió  la puerta de par en par con furia.

-¿Por que?- le pregunto mirándola fijamente a los ojos, luego al ver que no contestaba, continuo:

-¿Por que cuando estamos bien tienes que arruinarlo todo?

-No seas injusta conmigo hija, entiende....- Su madre se frotaba las manos con nerviosismo.

-¿Que entienda?, ¿Me pides que entienda?, ¡Tú  eres la que no entiende nada! Ya lo habíamos hablado ¡Por Dios!- Se tomaba la cabeza desesperada- Prometimos que estaremos mejor solas, sin nadie mas. ¿Que no lo recuerdas?

-Lo se, pero estuve pensando… no es bueno que una niña de tu edad no tenga una figura paterna, además…

-¡Piensas que necesito una figura paterna como las que me has dado!

-Lo se, lo se.- Intentaba tranquilizarla-. Pero esta vez es diferente. El es una buena persona, te va a querer como si fueras su hija

-Lo mismo dijiste de los otros, pero ¿Qué piensas?- La miraba como si no lo pudiera creer- ¿Qué será diferente?, ¡Será la misma porquería! ¡Dios!- Exclama furiosa paseándose como tigre enjaulado.

-¡Basta! eres mi hija y tienes que respetar mis decisiones- Trata de imponer su voluntad.

-¿Que rayos?- Resopla mirando al techo. Luego la mira a los ojos-  Si te casas me voy de la casa.- La amenaza con los dientes apretados.

-Eres  mi hija y tienes diecisiete años, aun eres menor de edad. Si te vas de la casa, te buscare con la policía

-¿Por qué?...la miraba como si tratara de encontrar la respuesta en su rostro- ¿Porque eres tan mala madre?, no te importan mis sentimientos solo los tuyos ¡No puedes vivir sin un hombre!

Con estas palabras colma la paciencia de su madre quien, sin previo aviso, le asesto una cachetada en la mejilla. Tiara se llevo una mano al rostro sintiendo el ardor, pero lo que mas le dolía no era la mejilla, sino el corazón. Con una mezcla de sentimientos que iban desde la tristeza hasta la rabia, dijo en voz baja:

-Si tanto deseas vivir con un hombre entonces te concederé tu deseo. No me interpondré más. Me voy-  Tomo su bolso mientras hacia un esfuerzo por contener las lagrimas.

-Ya dije que te buscare con la policía.- La amenaza su madre nuevamente en un intento para que se quedara. Ella se voltea

-A ver si me encuentras- le dice para luego azotar la puerta.

Con estas ultimas palabras Tiara sale corriendo a la calle, desde lejos la escuchaba gritar su nombre, pero no le hizo caso. Estaba tan enojada, tan dolida, no entendía como su madre la podía traicionar de esa manera.

Después de que muriera su esposo, la señora Luisa se había casado 3 veces y en todas ellas había sufrido malas experiencias. Los hombres eran violentos,  borrachos, vividores, ladrones, entre otras “cualidades”. Tiara siempre había estado  al pendiente de su madre y cuando comenzaron las agresiones por parte de su primer marido, le rogó que lo abandonara, pero la señora Luisa hizo oídos sordos a sus palabras. De esta manera Tiara comenzó a asistir habitualmente al hospital para visitar a su madre luego de las golpizas que le propinaba su marido. Luego de un tiempo la señora Luisa se separo de el, o mas bien el la abandono, pero no pasaron ni dos meses y se caso con otro, que resulto peor que el anterior. Este no solo la golpeaba, si no que además, era borracho. Tiara estaba desesperada, no sabia que hacer. Sabía que su madre estaba enferma, por que alguien normal no hubiera soportado una situación similar. Había asistido a un centro de ayuda, pero allí le indicaron que la persona afectada era la que tenia que pedir ayuda, por otro lado si esa persona tenia hijos que estuvieran en peligro, el gobierno se los podría quitar. Tiara pensó, que quizás, ella estaría mejor en uno de esos centros para menores, pero no podía abandonar a su madre. Así continúo la situación hasta que a la señora Luisa le detectaron cáncer. Cuando se lo contó a su esposo, este le dijo que no se iba a amarrar estando al lado de una persona enferma. Así, abandono la casa. Tiara no daba más de gozo. Comenzó a trabajar ya que su madre no podía a causa del tratamiento, las quimioterapias la dejaba realmente agotada. Tiara pensaba que desde ese momento en adelante vivirían una vida normal, pero estaba equivocada, tres meses y veintiún días duro la señora Luisa soltera. Después de muchas discusiones, Tiara termino resignándose a su destino. Así pasaron las primeras semanas sin contratiempos, pero poco a poco las cosas fueron cambiando. Primero eran gritos, luego empujones y después golpes. Siempre la maltrataba cuando Tiara estaba en la escuela o en el trabajo y después llegaba con un ramo de flores o un chocolate como disculpa, lo que a Tiara le enfermaba, pero no podía decirle nada, ya que su madre discutía con ella defendiéndolo. La situación continuo igual hasta que un día Tiara regreso mas temprano de su trabajo y encontró a su padrastro bebiendo junto a tres amigos en la sala de su casa. Cerró los ojos y se dirigió directamente a su cuarto, aguantando las ganas de matarlo. Tomo su cuaderno de historia intentando concentrarse en las líneas escritas, tenía un examen al otro día, pero de pronto escucho:

- ¡Maldita ¿Que rayos haces?, Te dije que nos sirvieras cervezas!

Salio disparada de su cuarto y fue hacia donde estaba su padrastro. Lo que vio, la dejo paralizada. En el cuarto de baño estaba su madre arrodillada frente al escusado, acababa de vomitar y su padrastro la estaba jalando por el cabello. Tiara no aguanto más y enceguecida por la rabia, tomo las hojas de afeitar que estaban en el lavabo y le propino un corte en la mano que sostenía el cabello de su madre, lo que hizo que la soltara al instante.

 -¡¿Que estas loca mocosa?!- le grito el hombre tomándose la mano ensangrentada

-Te voy a matar miserable- Disparaba fuego por los ojos, lo cual, hizo estremecer de miedo a su padrastro. El hombre al ver que su vida corría peligro tomo a la señora Lucia como escudo.

-¡Suelta a mi madre maldito cobarde!- le gritaba Tiara mientras trataba de dañarlo sin herir a su madre. Su padrastro presa del miedo se orino en los pantalones y Tiara aprovecho ese momento de descuido para lanzarse como araña a su cuello. La señora Luisa se apresuro a sujetarla para que su padrastro pudiera huir. El no se hizo de rogar. De un salto logro salir del cuarto, pero no sin antes recibir otro corte a la altura del muslo que Tiara le propino.

-¡Tu hija esta loca!- Fue el ultimo grito que dio para luego abandonar la casa, mientras Tiara sonreía.

Había pasado un año y medio después de aquel incidente y la señora Luisa no se había vuelto a casar. Tiara sonreía al recordar como su padrastro se había orinado en los pantalones y la cara de horror que había puesto al verla convertida en una fiera. El no había regresado después de esa pelea, lo que a Tiara la tenía más que feliz, pero ahora con la noticia de su nuevo casamiento sentía como sus esperanzas de una vida tranquila se derrumbaran.

Sin darse cuenta llego a la casa de su mejor amigo Kevin. A pesar de que Tiara tenia un carácter arisco con las personas, con Kevin se comportaba de una manera completamente diferente, siempre buscaba apoyo en el en los momentos mas difíciles. Kevin era mayor que ella por seis años y era el hijo de una vecina del vecindario. Desde pequeña, Kevin siempre había estado al pendiente de Tiara, cuidando que no se peleara con otros niños. Siempre le decía que era una niña, por eso no tenia que golpear a los niños, porque ellos tenían mas fuerza que ella y le podrían hacer un daño mayor. Sin darse cuenta se fue enamorando de el, se molestaba cada vez que lo veía con una novia y cuando cumplió quince le confeso sus sentimientos, pero el le respondió con una palmadita en la cabeza y le dijo que era muy viejo para ella, pero estaba agradecido que lo quisiera. Desde ese entonces Kevin había tenido varias novias, pero nunca dejo de estar al pendiente de Tiara y para ella, eso era suficiente.

Camino de regreso a su casa recordando de las palabras de Kevin “Sabes muy bien que tu madre esta enferma y te necesita, no la puedes abandonar ahora”. ¡Rayos!, sabia que Kevin le diría algo como aquello, pero no dejaba de molestarla a pesar que tuviera razón. Al entrar a la casa, su madre la abrazo con fuerza y le pidió que la perdonara. Sabiendo que no lograría nada en oponerse, termino aceptándolo, pero no sin antes advertirle que si resultaba mal otra vez,  apenas cumpliera los dieciocho años la abandonaría, aunque en su corazón sabia que nunca podría dejar de estar al pendiente de ella. La señora Luisa le informo que no se iba a casar todavía, pero mientras tanto, se iban a ir a vivir con el futuro marido para ver si funcionan las cosas, de resultar lo contrario, seria más fácil la separación. Tiara asintió resignada, al menos el hombre tenia casa, eso era un logro.

sábado, 25 de febrero de 2012

AZUL MAR

                                                            Prologo               





Hace un mes cumplí los dieciocho años, desde entonces he estado haciendo averiguaciones sobre propiedades en ventas. No tengo nada que me retenga en casa, si es que se puede llamar casa a esto. Las cosas en la tienda han marchado bien, ya tengo a treinta trabajadores en ella por lo que no me costara independizarme. Hace poco mi padre me dio la noticia que se volvería a casar ¿Quien puede ser? Hace años que no lo veo con nadie fijo. Me pregunto que clase de mujer será para haberlo atraparlo. Además, me dijo que tiene una hija un año menor que yo, pongo los ojos en blanco pensando en que seguramente va a pasarla pegada a mí. Bueno, tan solo me quedare una semana después que hayan llegado, así no tendré que soportar el juego de una familia perfecta.